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lunes, 25 de mayo de 2009

""El sí de las niñas" de Leandro Fernández de Moratín".

El sí de las niñas, es una obra teatral de Leandro Fernández de Moratín estrenada el 24 de enero de 1806 y representada hasta la cuaresma de ese mismo año.
Moratín tenía escrita El sí de las niñas en 1801. Era la primera obra que escribía después de La comedia nueva o El café, pues tanto El barón como La mojigata, estrenadas más tarde que aquélla, fueron escritas a finales de los años 80. Moratín tardó varios años en estrenarla. Dio a la escena sus producciones anteriores, y sólo después se decidió a publicar, en 1806, El sí de las niñas. Durante el mes de enero de 1806 ensaya la comedia con la compañía del Teatro de la Cruz. El día 24 de enero de 1806 se produce el estreno. El sí de las niñas no fue solamente un sonoro éxito de público: fue la obra de mayor aceptación de su tiempo y casi con seguridad el mayor acontecimiento teatral de todo el siglo. La obra se mantuvo veintiséis días seguidos y atrajo a más de 37000 espectadores, cifra equivalente a la cuarta parte de la población adulta de Madrid. Al éxito en las tablas se sumó el editorial. A las cuatro ediciones de 1806 hay que sumar la de 1805, que, al parecer, no fue la única de aquel año.
La joven doña Francisca (Paquita), que ha sido educada en un convento de monjas de Guadalajara, es destinada por su madre, doña Irene, para esposa del anciano don Diego. La joven, a su vez, está enamorada de don Carlos, un militar que es sobrino de don Diego. La acción transcurre en una posada de Alcalá de Henares a la que acude don Carlos para impedir la boda de su amada sin saber que es la prometida de su propio tío. Cuando logra enterarse del propósito de éste, don Carlos renuncia a su amor, pero el bondadoso anciano comprende que los jóvenes se aman y es él quien generosamente se sacrifica, bendiciendo la unión de doña Francisca y don Carlos, contra los deseos de la autoritaria doña Irene.

jueves, 7 de mayo de 2009

"Renovación teatral y vanguardia".

En la década de los años veinte del pasado siglo intelectuales, autores, críticos, directores y gentes de teatro sienten la necesidad de oponerse al modelo realista que triunfa en los escenarios españoles. Frente a él han de crearse modos nuevos que se separen de la realidad diaria, de los tópicos moralizantes y vulgares, que se introduzcan en el mundo del misterio, del sueño y del subconsciente; que superen las formas escénicas dominantes: la comedia y el drama de Benavente, el teatro poético de Marquina o el cómico de los hermanos Álvarez Quintero o de Muñoz Seca.
Pero el teatro necesita de un público que, a su vez, condiciona su novedad; por ello, quienes en estos años pretenden, dentro y fuera de España, modificar la escena se proponen como inexcusable tarea la de modificar la condición de los receptores habituales, actitud que culmina durante la República con la meta de conseguir que el público sea el pueblo, según ejemplifican autores como García Lorca, Alberti, Casona o Miguel Hernández y empeños como el Teatro de las Misiones Pedagógicas o La Barraca.
Nuevas agrupaciones, como El Mirlo Blanco, El Cántaro Roto o El Caracol, ensayan "tentativas vanguardistas" y se proponen estrenar obras al margen del gusto imperante y promover novedades en la estructura de los teatros. Los creadores (Unamuno, Azorín, Jacinto Grau…) participan también de esa voluntad de cambio y renovación de la escena española con la mirada puesta en un teatro de vanguardia; en el caso de García Lorca, tradición y experimentación se unen produciendo muy cuajados frutos y sus propuestas escénicas poseen un auténtico sentido "revolucionario" como lo son también ideas como las expresadas en su Charla sobre teatro:
"El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la educación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso. [...] Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro [...].".
Extras: Documental en ideomática inglesa sobre la celebérrima figura de Federico García Lorca (Parte 1, parte 2, parte 3, parte 4, parte 5, parte 6 y parte 7).